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La durabilidad natural de la madera de Eucalyptus Grandis cultivado en la Mesopotamia de Argentina

Es conocido que, desde la perspectiva de los usuarios, el empleo de la madera en la construcción despierta sensaciones encontradas, ya que a las numerosas virtudes de este material se contrapone una percepción negativa acerca de aspectos tales como su durabilidad natural. Resulta indudable que esta percepción se fundamenta en experiencias previas que no han resultado satisfactorias, y en que se trata de un aspecto de central importancia para quien va a tomar decisiones sobre un nuevo proyecto.

En numerosos casos, la incertidumbre acerca de la degradación de la madera cuando es atacada por agentes biológicos no alcanza solamente a los propietarios sino también a los proyectistas. En este aspecto es necesario destacar que la falta de información confiable resulta en general un factor determinante, pues no permite fundamentar las decisiones con una base técnica adecuada.

Con el propósito de solucionar esta problemática para la madera de Eucalyptus grandis cultivado en la Mesopotamia de nuestro país, entre los años 2005 y 2007 se llevó a cabo el Proyecto IBEROEKA IBK 04-381 “Estudio de la Durabilidad Natural de Madera de Eucalipto de Plantaciones y Métodos de Aplicación de Protectores” (DURAMAD). Este proyecto, que contó entre sus participantes a instituciones y empresas de España, Uruguay y Argentina, tuvo entre sus objetivos determinar la durabilidad natural de la especie mencionada anteriormente conforme a las normas europeas. Para este fin se instalaron campos de ensayo en 6 localidades de nuestro país y se realizaron pruebas en laboratorios europeos.

Conforme a la normativa europea, las clases de durabilidad natural frente al ataque de los hongos xilófagos son 5. A la clase 1 se asignan las especies “muy durables”, a la clase 2 las “durables”, a la clase 3 las “medianamente durables”, a la clase 4 las “poco durables” y a la clase 5 las “no durables”. Para el caso del Eucalyptus grandis estudiado, tanto los ensayos de campo como los de laboratorio indicaron que su comportamiento se ubica entre las clases 3 y 4. Por su parte, fueron muy poco frecuentes los ataques de insectos registrados en los ensayos de campo, lo cual fue confirmado por las pruebas de laboratorio, donde solamente en madera de albura se encontraron ataques leves de anóbidos (Anobium punctatum) y líctidos (Lyctus brunneus) en tanto que el duramen, tanto interior como exterior, se comportó como “durable”. Estos resultados, que aportan datos obtenidos a través de métodos normalizados, son congruentes con la experiencia recogida a través de la observación por parte de quienes se ocupan de la construcción con madera. Es decir que a esta especie es necesario protegerla del ataque de los hongos xilófagos pero que, afortunadamente, es muy poco vulnerable frente al ataque de los insectos.

Es conocido que los hongos xilófagos, u hongos de pudrición, se desarrollan cuando el contenido de humedad de la madera alcanza o supera el 20%. En consecuencia, en los ambientes interiores resulta prácticamente imposible su crecimiento y la madera de esta especie puede perdurar sin ningún tipo de protección. Siendo el contenido de humedad un factor indispensable para el desarrollo de estos agentes destructores, las condiciones climáticas adquieren una importancia decisiva a la hora de decidir sobre los proyectos. En regiones con baja humedad relativa ambiente, la especie de referencia puede permanecer sin ningún tipo de protección también en ambientes semicubiertos e incluso en la intemperie si no está en contacto con el suelo y si se adoptan recaudos para evacuar rápidamente el agua de lluvia. En zonas húmedas, puede ser recomendable alguna protección, aunque sea menor, en ambientes semicubiertos y en la intemperie. No obstante, en todos los casos es indispensable un tratamiento protector cuando la madera está en contacto con el suelo o con agua en forma permanente.

Teniendo en cuenta la relativamente alta resistencia de esta especie frente al ataque de los insectos, como ya se mencionó anteriormente, la protección integral contra los ataques biológicos puede lograrse evitando las condiciones que permiten el desarrollo de los hongos xilófagos. Afortunadamente, este problema puede resolverse en numerosos casos a través de la protección por diseño, evitando el contacto con el suelo y con el agua. Es decir que en última instancia se trata de colocar a este virtuoso material en las condiciones donde resulta más eficiente, y recurriendo a la aplicación de tratamientos de protección cuando resulta inevitable su uso en las condiciones de alto riesgo como las mencionadas.

Ing. Juan Carlos Piter


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